NOVIA Y EMBARAZADA.

Hasta no hace mucho se miraba con cierta contrariedad pero se está convirtiendo en una auténtica moda. Casarse en estado de buena esperanza es ya casi una tendencia a la que se suman actrices, cantantes, personajes famosos y menos conocidos que dejan de lado el reparo de mostrar una pronunciada tripa y de lucirla con un deslumbrante vestido blanco. Y es que la alegría, en estos casos, viene por partida doble lo cual, significa, que ciertos detalles tienen que ser supervisados…

Todo dependerá, principalmente, de lo avanzado que esté el embarazo pero también del estado de ánimo y de las ganas de contarlo que tenga la novia, sobre todo si todavía no ha cumplido las 12 semanas de rigor que exige la prudencia. Si existe la mínima posibilidad de que el entorno reaccione con comentarios poco agradables, lo mejor será ceñirse a revelar el secreto al círculo más íntimo. El resto ya tendrá tiempo de saber la buena nueva…Si, en cambio, el parto no queda muy lejos, la mayoría de los invitados (si no todos) ya sabrán que se trata de una boda con bebé a bordo, así que no hay de qué preocuparse.

El elemento que, no obstante, puede experimentar una mayor metamorfosis, es el vestido. Cada mujer es única y el modo en que cambiará su silueta también lo es, pero independientemente de las alteraciones físicas particulares que acompañan cada gestación, es importante recordar  que casarse con el vientre redondeado no significa renunciar a un hermoso conjunto nupcial sino que implica, simplemente,  la necesidad de recurrir a los servicios de costura de la tienda para que se apliquen los ajustes oportunos.

Para  marcar la forma redondeada del vientre o la voluptuosidad del pecho se pueden utilizar adornos cerca del cuerpo o escotes ceñidos. Para, sin embargo, disimular las redondeces los vestidos de corte imperio, las formas acampanadas y los plisados son de lo más útiles para desviar la atención de las curvaturas premamá.

En cuanto a los preparativos, dadas las circunstancias y el hecho de que la novia puede cansarse con más facilidad y sufrir mareos y náuseas, lo ideal es que se deleguen en otras personas todas las responsabilidades posibles. De este modo, la futura esposa vivirá la experiencia con mucha más calma y podrá disfrutar del proceso organizativo con otra perspectiva.

También habrá que considerar algunos otros cambios que afectarán directamente a la futura esposa. Es decir, tendrá que reemplazar las burbujas del champán por otras sin alcohol; evitar sesiones de baile demasiado largas; asegurarse de tener un médico disponible al que llamar si surge cualquier imprevisto y, si la fecha de parto es próxima, contar con la bolsa para el hospital preparada. Nunca se sabe cuando el bebé va a llamar a la puerta!

En definitiva, un embarazo no es, ni mucho menos, impedimento para celebrar un enlace por todo lo alto. Ni tampoco para llevar un radiante vestido que haga resplandecer a la novia. En realidad es un motivo extra de alegría que solo exige adaptar algunos pequeños detalles para poder celebrar la doble felicidad de la pareja.

 

 

Fuentes: nostrofiglio.it/enfemenino/mamaexpatriada
Imagen: Dreamstime.

 

 

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