INVITACIÓN FOREVER.

Después del enlace,lo más lógico es tener la cabeza repleta de hermosas imágenes que se suceden unas detrás de otras a gran velocidad y que emborrachan de felicidad. Una especie de éxtasis que provoca más de un olvido. De hecho, no siempre los novios se acuerdan de preservar para el futuro una muestra de su invitación de boda…y, al cabo de un tiempo, se arrepienten de no haberlo hecho.

Por norma general se imprimen más invitaciones de las necesarias por lo que no es difícil contar con ejemplares para completar el baúl nupcial de los recuerdos. Y existen muchas y muy diversas maneras de conseguirlo. Quizá la idea más rápida y fácil sea enmarcar una de las invitaciones, bien en casa o por encargo. En ambos casos se puede dar un toque especial incluyendo en el marco un pétalo del ramo de flores de la novia. Y los más comprometidos con el entorno pueden optar por el empleo de un marco de madera ecológica para la invitación. Una opción respetuosa con el medioambiente que puede aportar un toque rústico a las paredes o estanterías de la casa.

El decoupage es otra alternativa para los nostálgicos. Consiste en decorar superficies con imágenes de papel o tela recortada y puede aplicarse a todo tipo de materiales: cerámica, madera, porcelana, metal, vidrio, cartón, jabones o velas…etc. La idea es que el acabado final sea muy similar al aspecto que tendría de haber pintado la superficie con pincel. En el caso que nos ocupa, se puede plantear, por ejemplo, un plato decoupage realizado con las invitaciones de boda para regalar a algún amigo o familiar especial.

También, por qué no, se puede transformar la invitación en una bandeja de plata grabada o en una caja decorativa en la que incluir recuerdos del día. En este caso, lo mejor será que sea de cristal para poder observar los objetos desde el exterior. Colocando la invitación en la parte frontal ganará protagonismo y, además,  servirá de cartel anunciador de la temática que ocupa este ornamento tan especial.

Y si la Navidad está cerca, siempre se puede aprovechar la ocasión y convertir las invitaciones de boda en tarjetas de felicitación navideñas. Se añade purpurina, algún detalle de color rojo (por ejemplo, un globo de fiesta o un lazo) y se escribe el texto a mano para que resulte todavía más personalizado. Es cierto que se necesita un poco de arte y maña pero tampoco se trata de obrar un milagro. Con un poco de paciencia se puede cambiar el tono de la invitación y pasar de boda a Navidad.

Lo importante es que, de alguna manera, se logre perpetuar la vida de la invitación para que no desaparezca entre papeles, cajas y estanterías. Que no coja polvo sino que tome vida y un lugar de importancia en el hogar que acaba de inaugurarse. Porque, al fin y al cabo, también forma parte de la historia de ese día que quedará grabada a fuego en la memoria de los esposos.

 

Imagen: PIxabay
Fuente: brides/matrimonio.it/

 

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